La necesidad de una buena coordinación para luchar contra el VIH y el sida

Artículo, 12.12.2016

Suiza acogió una reunión de la Junta Coordinadora del Programa de ONUSIDA celebrada en Ginebra del 6 al 8 de diciembre de 2016. En su calidad de país que ocupa la presidencia de la Junta, propuso a todos los miembros una jornada de visitas en la región ginebrina. Objetivo: mostrar la importancia de una buena coordinación entre los servicios de prevención y atención del VIH y el sida.

Un grupo de visitantes escucha las explicaciones de un responsable de Quai 9 en la “sala de consumo de drogas”.
La delegación de ONUSIDA empezó la jornada con una visita al personal y los locales de Quai 9, una estructura de acogida destinada a los toxicómanos. ©

La Junta Coordinadora del Programa de ONUSIDA, presidida este año por Suiza, se reunió en Ginebra del 6 al 8 de diciembre de 2016. En el marco del encuentro, la COSUDE, conjuntamente con la Oficina Federal de Salud Pública, propuso a los participantes una serie de visitas sobre el terreno. 

Más de una veintena de representantes de diversos países, ONG y organismos de la ONU visitaron el centro Quai 9, una estructura de acogida destinada a los toxicómanos, el Grupo SIDA Ginebra, el Checkpoint, un centro de salud e información para gais y bisexuales, la unidad VIH/SIDA de los Hospitales Universitarios de Ginebra y, finalmente, la cárcel de Champ-Dollon. 

La mitad de los portadores del VIH no recibe tratamiento

La palabra clave durante toda la jornada de visitas fue “coordinación”. Según las cifras comunicadas recientemente por ONUSIDA, la mitad de las personas seropositivas no cuentan con un tratamiento apropiado, a menudo debido simplemente a que no saben que son portadoras del VIH. De ahí la importancia de favorecer la realización de pruebas y el acceso de todos a la información. Ello implica una coordinación óptima entre los servicios públicos y privados activos en la prevención del VIH/sida y la atención a los enfermos, y los grupos de riesgo. 

En 2015, el número de personas portadoras del VIH era todavía superior a los 36 millones a escala mundial. El objetivo adoptado por la comunidad internacional de poner fin a la epidemia para el 2030 requerirá una fuerte voluntad política por lo que respecta a la utilización de los instrumentos de prevención y tratamiento desarrollados hasta la fecha. 

Susanne Amsler, encargada de la cuestión del VIH/sida en la COSUDE y miembro de la delegación suiza en la Junta Coordinadora del Programa de ONUSIDA, explica el objetivo de las visitas organizadas en Ginebra. 

¿Qué pudieron descubrir los participantes en las visitas sobre el terreno?

Queríamos ofrecer una visión de conjunto de la calidad de la asistencia y la prevención del VIH y el sida en Suiza, donde en veinte años hemos podido reducir significativamente la tasa de infección, sobre todo entre los toxicómanos, principalmente gracias a dos factores: la política de los cuatro pilares en materia de estupefacientes (prevención, terapia, reducción de los riesgos, y represión y regulación del mercado) y la excelente coordinación que se ha establecido entre todos los servicios y actores implicados. El sector sanitario no puede enfrentarse solo al riesgo del VIH y del sida. Depende de las colaboraciones establecidas con las instituciones sociales, la policía, las cárceles y las personas afectadas por el VIH/sida. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 están ahí para recordárnoslo. Los problemas deben afrontarse mediante un enfoque multisectorial. Y en este sentido, Suiza puede servir de ejemplo a muchos otros países. 

¿Cómo hace, precisamente, Suiza para establecer la necesaria coordinación en los países en los que interviene?

En primer lugar, hay que considerar las características y las necesidades de cada contexto. La naturaleza de la epidemia puede variar mucho de una región a otra, de un país a otro o incluso en el interior de un mismo país. En Europa y Asia Central, por ejemplo, los toxicómanos constituyen el grupo de mayor riesgo, mientras que en África, el VIH y el sida afectan sobre todo a la población en general y de forma desproporcionada a las mujeres y los adolescentes. La idea de que hay que considerar las realidades regionales –y aportar respuestas adecuadas– constituye una novedad en el enfoque de ONUSIDA. En sus actividades de cooperación en África, la COSUDE siempre ha sentido la necesidad de apoyar los sistemas sanitarios nacionales, precisamente en cuanto coaliciones de actores coordinados. La lucha contra el VIH debe estar ligada al acceso de los jóvenes a los servicios de salud sexual y reproductiva. A veces apoyamos un proyecto destinado a una categoría específica de la población, como los prisioneros en África Austral, pero se trata de una excepción. Nuestro lema es realmente lograr una cobertura sanitaria universal. 

Los grupos de riesgo, ¿participan siempre de manera adecuada en las medidas de prevención?

Depende mucho del contexto y de los grupos y comunidades de los que hablamos. La desigualdad de género y las discriminaciones contra muchos grupos especialmente vulnerables al VIH y el sida, como los toxicómanos, los profesionales del sexo, los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres o los prisioneros, conducen en muchos países a la marginación. Pero las cosas evolucionan. Recientemente tuve la ocasión de realizar una visita a Pekín para ver cómo se aborda la cuestión del VIH/sida y pude observar señales alentadoras con respecto a la implicación de los grupos de riesgo. Suiza ha trabajado con gran determinación en esta cuestión en el marco de su labor en ONUSIDA. Finalmente, el pasado mes de junio conseguimos que la ONU fijara un objetivo claro: para 2030 el 30% de los servicios relacionados con el VIH/sida deberán ser prestados por las propias comunidades, es decir, por los grupos de riesgo o, por ejemplo, por los habitantes de un pueblo. La reunión de la Junta Coordinadora del Programa de ONUSIDA que acaba de celebrarse en Ginebra ha vuelto a abordar este punto y ha prometido apoyar activamente a los países miembros y a las comunidades en este sentido. 

¿De qué manera?

Primero, promoviendo los intercambios de experiencias positivas de colaboración. ONUSIDA puede desempeñar un papel de facilitación y transmisión de información entre los países. Seguidamente, ayudando a las autoridades nacionales en su labor de identificación de las competencias que existen en las comunidades. Es así como los servicios sanitarios estatales podrán contar con aliados fiables y eficaces para reducir el impacto del VIH y del sida.